La Ola Verde

Actualizado: 5 de jul de 2018



El homo sapiens surgió hace unos 200 mil años en África. El hombre moderno, en los moldes sociales que conocemos hoy tiene su inicio identificado hace poco más de 12.000 años. Históricamente, llevamos muy poco tiempo para llegar a nuestra población actual de 7.000.000 de habitantes y a eso, sumamos nuestro insaciable afán de consumir los recursos naturales del planeta y contaminar indiscriminadamente el medio ambiente.


Pensábamos, hasta poco tiempo, que sólo después de la revolución industrial el hombre, movido por la anciana consumista que daba sus primeros pasos, habría realmente iniciado de forma devastadora e irreversible a la agresión ambiental. Sin embargo, estudios publicados en la revista Science of the Total environment, por un grupo de antropólogos ingleses y arqueólogos canadienses, mostraron que ese proceso se inició bien antes. Concentraciones inusuales de cobre en un lecho de río seco, en el sitio arqueológico de Tell Wadi Faynan, sur de Jordania, indicaron actividades de exploración mineral y la consiguiente contaminación del ambiente por metales pesados de hace 7.000 años.


Hoy estamos muy cerca del límite de agotamiento de la naturaleza y sus recursos naturales. La población creciente y el consumo desenfrenado surgen como las principales causas del problema, pero en contrapartida podemos ver con mucho optimismo el surgimiento de una conciencia ecológica, en un movimiento que realmente puede hacer la diferencia en la supervivencia del planeta.


Nuestros jóvenes de hoy, poseen una aclaración en cuanto a temas como de reciclaje, sostenibilidad y preservación que sólo los académicos de antaño tenían conocimiento.


Las campañas antitabaco, de preservación de la naturaleza y repudio a la crueldad contra los animales, encuentran ecos en las más bajas edades, antiguamente no consideradas como formadoras de opinión.


En el campo de las grandes potencias mundiales el movimiento es percibido de forma más lenta. Desgraciadamente, el paradigma político de Estados Unidos y de su presidente Donald Trump, al revertir la política ambiental de su antecesor, Barack Obama, y ​​la eventual salida del país del Acuerdo de París contra el Cambio Climático, señalan un retroceso.


Sin embargo, su gran rival económico, China, antes vista como la gran villana de la naturaleza, va cambiando dramáticamente su política ambiental siendo el país que más invierte en energía limpia.


Un desafío colosal ante los números. China responde por el 24% de las emisiones globales, y el 85% causado por el gas carbónico proveniente de la demanda energética dependiente del carbón y de las industrias contaminantes, como la siderúrgica.


Pero nada que no pueda concretarse por una nación construyó la Gran Muralla y que desde la apertura económica liderada por Deng Xiaoping en 1979 logró un crecimiento en 100 veces de su PIB retirando a 600 millones de chinos de la pobreza extrema.

Imaginen por lo tanto toda esa súper potencia económica e industrial, trabajando a favor del medio ambiente, fabricando productos ecológicos y reciclables a millones, permitiendo que más y más personas tengan acceso a esos productos y puedan contribuir con la sostenibilidad.


Del mimo modo, tenemos la sensación que somos el hombre de la edad media que arrojaba sus deshechos por la ventana y eliminando sus problemas y que súbitamente percibió que la ventana no se abría más. La calle estaba saturada y otra solución necesitaba ser encontrada.


Así estamos percibiendo nuestro planeta. La ventana se está cerrando. Hasta los gobiernos más reticentes, tarde o temprano tendrán que rendirse a esa avasalladora e irreversible ola verde.


Debemos tener esperanza y vigilancia en la misma proporción.

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