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Siempre que hablamos de algún asunto ligado a la ecología y la sostenibilidad, nos encontramos con el eterno debate sobre la real naturaleza alimentaria del hombre como especie integrada al macro hábitat natural.


Los que, justamente, se oponen contra la crueldad sobre los animales destinados al consumo, argumentan que el hombre, independiente de cuestiones morales que pueden prevalecer, es eminentemente vegetariano, pues no posee las garras características de los carnívoros, tiene los dientes caninos poco desarrollados y, mandíbulas aptas para movimientos laterales apropiados a la masticación de plantas y fibras. Además, los intestinos relativamente más largos que los carnívoros acentuando la característica necesaria para la absorción de nutrientes vegetales.


Los que defienden la presencia de la proteína animal en la dieta, invocan la importancia fundamental, según los especialistas, de los más del 30% de energía en la alimentación del cerebro y el sistema nervioso central.


Las opiniones científicas relevantes argumentan que el homo sapiens jamás alcanzaría el desarrollo intelectual sin esa poderosa fuente de energía y completan el raciocinio con el argumento de que el ser humano no tiene la capacidad natural de digerir la celulosa. Los rumiantes sólo la consiguen debido a la presencia de bacterias, protozoarios y hongos existentes en el pre - estómago con los que conviven en un sistema de simbiosis.


El hombre sería por lo tanto un omnívoro en la mejor y más aceptada hipótesis. Con dientes caninos menores que los de los carnívoros, pero también con molares no tan desarrollados y especializados como el de los herbívoros. En fin, una discusión para una vida entera.

Para la naturaleza, para el medio ambiente y los conceptos más avanzados de sostenibilidad lo que realmente importa es la forma que nuestra especie se aprovecha del entorno para retirar su sustento.


La creación de animales en cautiverio, la base de encarcelamiento cruel y sacrificio negligente, con la adopción de medios artificiales de provocar el crecimiento y la procreación acelerada atacan a los principios morales tanto cuanto la práctica de la pesca extractiva con redes y otros medios, sin respetar la selectividad o madurez de especies y períodos de veda o procreación.


Derribar áreas verdes para el cultivo de monocultivos cada vez más extensas también podría ser considerado como un grave ataque ambiental. Donde está el punto de equilibrio para la cuestión alimentar de los billones de seres humanos en el planeta es la clave para la coexistencia pacífica y sostenible del hombre como un simple ser vivo en busca de supervivencia y perpetuación, pero también la supervivencia de todo el ecosistema forma que conocemos.


No existe un tema que se debatir. Convivir de forma armonizada y sostenible con el medio ambiente es un ejercicio sin fin de educación, ciudadanía, conceptos de reciclaje y anti-desperdicio, alimentación más sana posible, independientemente de sus convicciones sobre lo que es natural o no, de un buscar constante a fuentes de energía limpias y un fuerte sentimiento de resignación y comprensión.


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